Las zonas del sur de Chile y de Argentina han sido los enclaves elegidos
en esta ocasión para llevar a cabo la aventura. Lugares majestuosos,
tan aconsejables para los amantes de la naturaleza en su estado más
puro como para esos otros viajeros que disfrutan de la meditación,
o para aquéllos que, aguijoneados por esa curiosidad tan humana,
quieren llegar a conocer unas idiosincrasias completamente distintas a la
suya. Ahora bien, no se trata de un lugar fácil, y menos todavía
en pleno invierno.
Barrera infranqueable.
Los Andes, la cadena montañosa más larga del mundo, representa
una barrera natural en ocasiones infranqueable, y viajar por sus alrededores
puede convertirse en una pesadilla si el tiempo no acompaña. Por
aire, muchos pequeños aeródromos a un lado y a otro de la
cordillera sufren los rigores extremos del invierno austral, y sin embargo,
los atrevidos pilotos locales tampoco se andan con grandes miramientos.
Agarran sus máquinas voladoras -generalmente sin capacidad para ascender
por encima de los 6.000 metros- y ratonean por los senderos aéreos
entre las cumbres de hielo, en un espectáculo imponente que, inevitablemente,
hace recordar aquella terrible catástrofe aérea ocurrida en
el año 1973 en el mismo lugar.
Por tierra, el recorrido natural desde Santiago de Chile, rumbo sur,
es la carretera Panamericana, un recorrido de algo más de 1.600 kilómetros
de asfalto, muy ruteros y exigentes. El paisaje, que combina verdes valles
con lagos y nieve, cambia bruscamente en pocos kilómetros dependiendo
de si se circula paralelamente al Pacífico, por el Valle Central
chileno o por los Andes.
La mítica carretera llega hasta las inmediaciones de Puerto Montt,
pero ya antes empieza a ser una necesidad cruzar la frontera hacia Argentina.
La turística región de Bariloche se encuentra muy bien comunicada
y los pasos fronterizos persiguen a los valles. Hasta llegar a esa zona
los equipos no tuvieron grandes contratiempos, salvo los ocasionados por
la meteorología, que estuvo especialmente caprichosa en la alta montaña.
En esa región las cosas cambian. En dirección sur hasta
Tierra del Fuego se encadenan, sin solución de continuidad, una veintena
de parques nacionales en una explosión de naturaleza sin parangón
similar en otras zonas del globo. Se deja atrás la civilización,
las comunicaciones se endurecen y el clima es cada vez más implacable.
Cada vez más difícil.
En el lado chileno, seguir la ruta es prácticamente imposible
por el tapón que representa el Campo de Hielo Sur, una vasta extensión
de hielo al estilo antártico aún hoy fuente de disputas territoriales
con sus vecinos argentinos. Es conveniente por ello utilizar la carretera
Austral que discurre en dirección sur por la Pampa argentina, con
destino final en la isla de Tierra del Fuego. El vehículo oficial
del Camel Trophy, el Land Rover Freelander, respondió a las expectativas
levantadas y cumplió con suficiencia en nieve y barro -gracias a
su dispositivo de control de tracción- y con brillantez por las pistas,
gracias a su fenomenal suspensión. Pero no quiere decir que no pasara
sus dificultades, a veces grandes.
Impregnarse del sabor tan rural que desprenden los pocos focos de civilización
que se encuentran es uno de los grandes atractivos del viaje. Son pueblos,
sobre todo los más próximos a la cordillera, sin apenas comunicación
exterior, aislados por los rigores del clima y por la escasa densidad de
población de la zona.
En muchos de ellos, la radio es el medio de comunicación por excelencia,
ofreciendo un servicio de avisos a los habitantes al estilo de nuestra Radio
Nacional de España. La vida discurre allí al ralentí,
entre la ganadería, el comercio, la vida contemplativa y el pisco,
la bebida nacional chilena capaz de convertir conversaciones tranquilas
en trenes de largo recorrido.
Zigzaguear a un lado y otro de la frontera entre Chile y Argentina permite
al viajero sacar algunas conclusiones de cierto empaque. De entrada, los
muchos controles fronterizos, a medio camino entre burocráticos e
impermeables, no son más que la consecuencia lógica de una
relación entre dos países que se miran de reojo. Las rencillas
por la soberanía de algunas tierras, islas o aguas han abierto unas
heridas tan graves que únicamente el tiempo se va encargando de cicatrizar.
Tristes recuerdos.
En esta edición del Camel Trophy, que cruzaba la frontera tantas
veces como se cruza una calle, los británicos no las debieron tener
todas consigo. Pero en el aeródromo de Esquel, al sur de Bariloche,
mientras un capitán y un cabo argentinos cumplimentaban entre bromas
y anécdotas los trámites aduaneros de cinco ingleses, nadie
recordó a Las Malvinas. Sólo este periodista reparó
en el cuadro colgado encima de sus cabezas.
Era el recuerdo a todos los hijos de Esquel caídos en el conflicto.
La impresión es que muchos argentinos han pasado ya esa página
de su Historia, aunque más al sur y más al este -desde donde
se llevó todo el peso de las operaciones militares argentinas-, el
drama bélico sigue todavía muy presente fresco en la memoria
de muchos.
Ya en Ushuaia, un maravilloso cartel situado a la entrada del nuevo aeropuerto,
construido el año pasado, reza su nombre oficial: Aeropuerto Internacional
de Ushuaia Malvinas Argentinas.
Por las pistas forestales que unen unos pueblos con otros, el viajero
se topa continuamente con un paisaje maravilloso de volcanes, lagos, glaciares
y estepas que, en conjunción con unas temperaturas bajo cero y unos
vientos huracanados, dan a la Patagonia una nítida sensación
de misterio, aislamiento y soledad.
Es la misma sensación que transmiten, en cierto modo, las gentes
allí residentes, gentes sencillas, amables y poco acostumbradas a
la cuna y la cátedra. Pero curiosamente, gentes muy distintas a un
lado y a otro de la cordillera andina, con un español muy confuso
al oeste, muy poético al este. Más reservados y americanizados
los moradores del oeste, más sofisticados y latinos los del este.
Casi hasta el polo sur
Desde Santiago de Chile hasta el lugar más al sur del planeta
accesible en coche. Más de 8.000 kilómetros en 20 días.
Este fue el programa del Camel Trophy, un recorrido con sólo tres
controles, en Pucón, Futaleufú y Torres del Paine. Desde Santiago
hasta Pucón los equipos procuraron esquivar la cordillera andina.
Los primeros 1.000 kilómetros discurrieron por el Valle Central.
En Pucón los participantes llevaron a cabo una expedición
de seis horas al volcán Villarrica, uno de los más activos
del mundo.
Desde allí, los equipos español y canario se adentraron
en territorio argentino, por San Martín de los Andes y San Carlos
de Bariloche. El segundo reagrupamiento fue en Futaleufú, pintoresca
localidad fronteriza de Chile, donde hicieron un descenso en rafting. Fue
entonces cuando se adentraron en la Patagonia.
Llegaron al Perito Moreno, el glaciar más activo y alto del mundo,
un día antes de otro reagrupamiento, en el Parque Nacional de las
Torres del Paine. Allí hay tres grandes picos de granito que se levantan
desde los 50 metros hasta los 3.000.
El acceso de los equipos a la isla de Tierra del Fuego se realizó
siguiendo la ruta Puerto Natales-Río Gallegos-Punta Arenas, única
posible para no quedar atrapado en un caos de pequeñas islas. Desde
allí condujeron 200 kilómetros hasta llegar a Ushuaia, puerta
de entrada al mítico Cabo de Hornos y a la Antártida.
Ellas siempre ganan
España presentaba, por vez primera en la historia del Camel Trophy,
un equipo enteramente femenino. Emma Roca y Patricia Molina han hecho añicos
la creencia de que la aventura es sólo para caballeros. En este Camel
Trophy que ha combinado estrategia, navegación y fortaleza, las dos
chicas han quedado sextas en la clasificación general, segundas en
conducción y vencedoras en el Trofeo Land Rover, al haber accedido
a un total de 74 controles con el Freelander.
Han conducido bajo lluvias torrenciales, colosales nevadas, barro, hielo
y nieve. Pero, por encima de todo, su estrategia ha sido impecable. Noche
tras noche perdían el tiempo necesario, mapa y GPS en mano, para
planear la etapa. Además, la compenetración entre ambas fue
modélica. Sin ninguna duda ese espíritu de equipo les dio
su excelente clasificación. Emma, bióloga de 24 años,
mandando en bicicleta de montaña y navegación. Patricia, estudiante
de INEF de 22 años, al mando del esquí y de la conducción.
La anécdota vino de la mano de una cadena de televisión
chilena. Dos periodistas siguieron durante un día a las dos españolas
para grabar imágenes de su actuación. Esa noche, mientras
cenaban en una pequeña hostería en la cordillera andina, vieron
la emisión del programa, que ponía en duda la capacidad del
sexo débil para hacer un digno papel en el Camel Trophy. El azar
quiso que al día siguiente se los encontraran. "Oye, ¿qué
es eso del sexo débil?" recriminó una de las corredoras.
"Yo no fui" dijo el acorralado periodista. Debiera haberlo sabido,
ellas siempre ganan.
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